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Navegantes de Flores

LEVEN ANCLAS                                                                                                                                                                              

Volvimos a la tregua, se abrió una carretera de la cabecera y las sábanas se izaron cual navío. Nos abordó un paisaje completamente blanco, flotamos, nos hundimos en un horizonte configurado de líneas paralelas, los renglones del cuaderno del poeta, el pentagrama, las cuerdas, ondulantes espejos de conciencia, un millón de pixeles por segundo. Con los ojos entramos a Xitore1. Pude verme dormida, decidida, en vuelo quieto, sobre el piano, debajo del océano, hecha de viento, todo eso había sido y no recuerdo y recuerdan mis células de alma. Diosa ahora, sirena de inmateria, navegante de ríos intermitentes, una barca de flores y presentes, un camino al hogar, al infinito.

Arribamos a orillas de una fuente, a los pies de unos árboles-serpientes, zig-zagueantes, hipnóticas y etéreas, las escamas-sofías de los druidas, los anillos perpetuos del lenguaje. Flores-puertas que llevan a ciudades, arte puro en el beso que imagino.

En Xitore se camina sobre el agua, sólo mojas tus pasos sobre caminos ya purificados, no hay tierra, los palacios se erigen de hologramas líquidos de plata, transparencias que evocan el vacío, la potencialidad que existe en el espacio, en la conciencia total, en libertad, en la presencia que habita la materia.

Nos dormimos en un pétalo hamacado encima de un lago acerado, pulido por el canto de las hadas. En sus bordes leía mis pensamientos, los deseos de Él, la interpretación mineral de ancestrales secretos primigenios. La memoria se abrió y vi escapar los juicios de los ciegos, las traiciones humanas, la inconciencia, explotó de mi origen una pasión dolorosa que me ahogaba. Respiré. Desperté. Él me dijo que no tuviera miedo y en sus ojos volví a pertenecerme. Una ventana surgía desde el oriente, me atravesaban sus rayos en picada, fecundada de luz nací de alas, de instintos naturales, hasta que fui danza de letras en voces de pirueta, ojo en ecos de tinta, alfabeto de oníricos confines.

Amanecimos en un túnel de espejos, caminamos, chocamos, nos caímos, nos reímos, perdidos nos amamos en multidimensiones, cuerpos que se multiplicaban, rebotaban, voladores de líquidos misterios, en el éxtasis salimos del espejo. Aparecimos en Ársail2. Éramos luz a velocidad de peces, traspasamos las páginas del libro, las mareas del destino, el albedrío, la sustancia sagrada del presente, los colores reales de la vida.

Caminé en una playa amarfilada, con columnas de nidos de aves rojas, y perfumes de néctares y lluvia. Las sirenas, son aves, ángeles que dictan los mensajes. Las señales que encienden voluntades.

Decisiones de ser, sin dolor, sin imagen, sin espejos de amargas distorsiones, más allá de la duda y la carencia, más adentro de la misión, y trascender el poder, el espejismo que desdibuja el cuerpo y sus esencias, y coronar de saberes la existencia, y encontrarnos con la sabiduría.

CARTAS DE NAVEGACIÓN



Una canasta de música Él me trajo, un portafolio de frutas, cien mil flores de místicas razones, de pasiones las aves y el rumor del espacio, y en un barco de bosques nos deslizamos debajo de un manzano.

Respiramos la luz de los azares, eucaliptos y menta en los pulmones. Los vapores del sol sobre los musgos y el perfume que queda tras la magia.

Fue la piel una página callada, lacrada con acústicas caricias, en compás de cadencias los silencios volvieron a engendrar el pensamiento.

Caminamos las ramas de corales que hay dentro del higo, afrutados los dedos y en espasmos, nuestros cuerpos se hicieron invisibles, por encima del mar, vuelo de noche, atravesamos las islas y una flecha de frente nos detuvo.

Una cortina de flechas verticales, un arquero en tres mil desdoblamientos, un ejército armado de preguntas, fuego en los labios azules de las aves.