
Mujer Loto
MUJER AGUA
Natzeré, una cama de más de doce metros, un enorme trozo de esperanza, un remolino giraba de luz blanca-dorada en la parte de la almohada, me recosté y mis ojos se sellaron, se borraban feroces maldiciones, conjeturas, criaturas, distorsiones, terrores, maleficios y todos los fantasmas.
Una voz prendió el poder interno, era ahí donde el infinito estaba y yo podía atraer lo que soñara, cada ser aplicaba su energía y era así cómo se manifestaba, nada afuera traería lo que antes no se creara dentro, fue entonces que me tatuaron de tipografías nunca antes conocidas, de imágenes preciosas y sueños y erotismos, y amor de luz, de arte verdadero.
Y me vuelco a escribirte y tú no sabes cuánta navegación aún nos falta, cuánta sílaba erótica, y en el verte leerme me seduce la imagen de ser uno, conexiones a un tiempo de mil verbos.
La existencia en las uñas se teclea sobre un lienzo de plasma, una página-luz, silenciosa estridencia luminosa y sedienta que se bebe y retiene los tatuajes de estas abstracciones, el pensamiento orgánico hecho tinta, arte de alma en electrónico trance hacia la nada, donde recojo los nombres, los criterios, tanto amor, redenciones, pixeles y tres cestos de higos.
Ahora entiendo que vamos todos juntos, a un cruce de puentes, a una i griega y el mundo se bifurca, y uno elige, uno solo, solito, sin que nada lo obligue, y avanzo y dejo de creer que estoy afuera o muy dentro. Una guitarra aparece en la líquida voz y el tren arranca, nos metemos, tú y yo, en un vagón sin techo, un trineo que atraviesa la ruta de las garzas.
Nunca ha habido razón para escribirte, para adorarte en las huellas digitales, en los golpes de tinta, sin embargo tú eres este libro, tú, esos todos que leen, y las que somos, los Nosotros que ahora estamos siendo y nos seguimos leyendo y escribiendo, invocando, transparente energía en sincronía. Y me pregunto si es mi última letra, si comienzan creaciones de otra era, epidermis marina hecha visiones, equilibrio en el centro de la idea.
Aparece el Maestro. En millones de rostros una esencia no acaba de apropiarse, y me destilo en dolor incomprensible, el motivo ulterior me empuja siempre y sin embargo ahora me detengo. Contemplo el pensamiento. Me aquieto y veo fluir el tiempo. He de revolucionarme ahora mismo, entender el poder, no traicionarme. Voy ahora, viene el mundo, siento que estoy dentro del juego, pieza de un rompecabezas que se mueve y vuelve a acomodarse, todos somos un punto en la sonrisa que extiende el universo. Células de estrellas madres nos contienen. Se expande la conciencia, veo desde adentro, desde lo supremo, son mis ojos tus ojos donde leemos lo que guarda la luz detrás del tiempo, el instinto de sueños fugitivos, es el amor quien guía nuestros destinos, su voz que no se apaga, esa sed en las manos que acarician el aire en sombras-humo, la mirada que busca agazapada una curva que atrape el paso al vuelo, el poema latente en el encuentro que aún no ha sucedido, tanto futuro libre, y cuánto dolor sin terminar de irse.
Espero mi voluntad, me siento a seguirte escribiendo, no hay señales que indiquen ejecutar un movimiento, apresurar el tiempo o caminar los lagos del asfalto, así entonces trasmuto el llanto, regreso mi atención a estos renglones para dejar de buscarte entre las cosas, para encontrarme a mí, a la biografía, a la reordenación del ser, a un punto de partida, y en finales de textos, suelto en paz el remordimiento, deja la culpa de roer mis huesos y entrego los besos que me fueron dados, las palomas, los anillos, los collares, los grilletes remachados al tobillo, los insultos, el odio, los silencios, los teamos, y así es que me aligero, abro el paracaídas y me elevo, bajo junto a un riachuelo, fresas, moras silvestres y hongos, bebo, vuelan cerca tortugas y se sumergen en arte de saeta, son flechazos zafiros y esmeralda, pinceladas de la sabiduría, íconos de todo lo inmutable.
Desperté con tatuajes de mandalas y plata en filigrana cubriendo todo el cuerpo hasta las palmas de las manos y las plantas de los pies, poesía líquida, dibujos, fechas, números en códigos, infinidad de curvas en las letras, era el mapa de todos mis caminos, por millones de vidas había estado escribiendo sobre el cuerpo, en pigmentos eróticos de arte y ahora era yo mi propio libro, encarnaba el lenguaje del proverbio, la pasión hecha letra, el equilibro entre el alma y la conciencia.