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AMOR AHÓRICO


 

1

VIBRA LA VIDA

 

Soltar todo. Mirar hacia adelante y flotar, dejándonos llevar por el vacío.

 

Así empezaba otra página, otra historia. Otros dedos ahora eran los míos, unos hilos de luz se desprendían del fondo del ombligo y todo, cada pictograma, cada suspirar, mis serpentinas se extendían y yo en siete espirales, en doce, en trece filamentos de ADN donde todo ya ha sido conectado.

 

Atravesar el propósito, el rostro, la belleza de las transmutaciones, recibir y gozar, conjugarse en los verbos más felices y aceptar que los sueños sí se escriben, y es entonces que entran al registro, se procesan y surgen y depende de uno estar a tiempo, coincidir en volverse mariposa, abordar el delfín, llegar justo a la hora en que el amado aún no nos espera, sorprenderlo en el arte, en la íntima paz tras la existencia y besarlo hasta que desaparezca.

 

SEGUNDOS DE LUZ

 

Se acomodaron todos los objetos, las imaginaciones, los anillos de miles de serpientes, los dragones cantaron, nuestro árbol fue un trébol de mil hojas.

 

Invoqué la salud, llegué a Atsuria[1] con los ojos cerrados, con los pezones de Él entre mis labios, con sus manos abiertas, yo en sus ojos.   

 

Iríamos guiados por Najike[2]. Gracias Najike. Protegidos entonces despegamos, un presente de sol, un petirrojo.

 

Poseída infinita enloquecida te invoqué héroe aries de fuerzas invencibles, voluntades dispuestas en la mente, iniciado en creaciones de holograma, dragón de luz, púrpura misterio de mi aurora. Sabias lunas, noches de xamánicas caricias. Decidiste el rescate, una galaxia se abrió en tu pensamiento.

 

Yo perdida, ciega de rabia del siglo más oscuro, enferma de ignominia en torbellinos, con el cuerpo de tierra reventado, sangre y viento, llanto eterno, yo era un charco de Ellas doloridas.

 

Nos miraste, a todas mis criaturas, yo disuelta, sedienta, en sequía de pétalos sin ruta. Rehilete sangrando amaneceres. Reventada de miedo, levantaste mi falda y besaste mis sueños y mis labios. Me supiste incendiada de deseo y por supuesto, me reconociste, bautizada y besada me guiaste a la orquídea de tus ojos, a tu casa, a la libertad que existe en la esencia de este nuevo día.

 

Decidiste así exorcizarme, llenarme de pasión. Vaciarme de demonios, del parásito negro de la duda.

 

No había sido capaz de confiar, de sanarme en la fe y tú eras la llave, el canal, el violeta espiral de un sol de letras, el hogar, el planeta emergiendo tras la forma.  

 

 

 

PRESENTE LUMINOSO

 

Eres Él, el universo, Atlántida, Pléyades, Sirio, Tibet, tierras blancas de platas encendidos, mercurial obelisco transmutado, y fecundaste mis líneas, en renglones abriste el continente, Él y Ella, tú y yo y en los Ellos nos fuimos, nos fundimos, nos quedamos mirando, me salvabas, me tatuabas de íntimos acordes, nos casábamos y aún reías despierto.

 

Emisario de éxtasis en fuego, Él prometió, acuñando voces de amor sobre lo eterno, en un canto de frase en viento limpio, ser guerrero de espada y fiel simiente, ser estirpe de bosques y galaxias, y en presente avanzar en mar adentro, adelante, antes del tiempo y no dejarse arrastrar. Él la acogía, un guardián para Ella, un ejército a través de un loto, el poder del amor en su momentum.

 

En el beso nombraste mis instintos, mis otros firmamentos, me leíste y entonces me escribiste, partitura en atriles bajo el cuerpo.

 

Del infierno volvimos para siempre, olvidamos y así nos perdonamos. Los espejos salieron disparados, los egos, los implantes, las flechas, los venenos. Temascal bajo tierra, en el fondo del cuerpo del silencio, musgo azul, amarillo en el cielo, infusiones de verdes encendidos, alas mágicas, alfombras sobre cúpulas de oro, somos genios, un barco en la ondulación del firmamento.



[1] Ciudad de vibraciones doradas, sanadoras, mirarla equivale a habitar el infinito, la inmortalidad.

[2] Radar interior, ángel, espíritu luminoso, guardián cósmico, Maestro, elefante de la sabiduría en verticales pupilas que son vías a esferas superiores.